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Siempre será el más grande

Homenaje permanente a Tato Bores
A las 21 por esta pantalla amiga

Se necesita tanta agua...

Fuego, fuego ¿Quién me dio fuego?El otro día me desperté con una sensación rara. Ni bien abrí los ojos empecé a sentir un olor raro, como si se me chamuscara la peluca.

- ¡Berta, Berta! ¡Decime por Dios que se te queman las tostadas! - grité mientras saltaba de la cama más rápido que Urso extraditando a Menem -¡Decime por favor que es otra vez la pesadilla en la que hago de Nerón y quemo canal 9 con el directorio adentro!

- ¡Ya te dije que esa no es una pesadilla y no me querés entender! - me sacudió y me sopapeó como para despertarme y una yapa - Pero no, no es un sueño. Algo se quema de verdad en la Argentina.

¡Para qué! Me calcé la peluca después de revisar que no tuviera algún fulminante que sobró de Río Tercero, me puse los patines, le di un beso a Berta, le dejé un preservativo con un cartelito que decía "Las pesadillas de algunos son las fantasías de los demás" y salí de raje para ver adónde era el siniestro.

Antes de decir "el cuadrado de la inseguridad es la suma de los cuadrado de los imbéciles” ya estaba en el Concejo Deliberante donde había un tole tole de no creer

- ¡Tato, venga para acá! – me agarró de la solapa mi gran amigo José Yoteloarreglo - ¿Tiene todos los papeles en regla? ¡Mire que esto está de color hormiga!

- ¡De color hormiga te van a quedar las caramañolass! – lo apuré contra una pila de inspectores usados - ¿Se puede saber de qué papeles me hablás?

- Pero Tato, nace una nueva era ¡cómo va a salir a la calle sin papeles! – me dijo mientras sacaba un talonario y una lapicera de un maletín de la campaña “Barrionuevo Idolo” - ¿Me muestra la autorización para patinar por lugares cerrados, el permiso para portación de monólogos y el matafuegos obligatorio que debe adjuntar la peluca sintética? Si no me lo muestra da igual, déme trescientos y aquí no ha pasado nada.

Lo miré con ganas de comérmelo vivo, pero me había quitado el hambre. Como quería averiguar de dónde venía el olor a quemado me puse con los trescientos, me llevé un recibo impreso con tinta de patacones y le dejé un preservativo con un cartelito que decía “Uselo si tiene todo en regla, y si la partenaire está en regla, también lo va ayudar” y me fui a buscar una autoridad que me aclarara un poco la cosa.

Doblando por un pasillo me lo encontré a mi gran amigo, el Jefe de Gobierno de la ciudad Autónoma de Santa María de Los Buenos Aires y afines, el Doctor Anibal Ibarra, que llevaba puesta una remera que decía “Reelección presidencial no, Referendum municipal sí”

-¡Mi querido Tato! – me salió al cruce y me metió en una oficina llena de afiches con la leyenda impresa “Seremos unos inútiles pero qué ¿lo va a votar al otro? No me haga reir” - ¡No sabe cómo lo andaba necesitando! Necesito que me de una opinión sobre lo que tengo que decir el martes cuando me presente. Escuche: “Todos somos responsables. La seguridad es un problema de la sociedad argentina y el gobierno, como parte de la sociedad, expresa las mismas imprecisiones que el colectivo y el tiempo del cual es emergente”

- Es confuso – le dije, acomodándome la solapa, donde ya me había encajado un pin con la inscripción “Ibarra latin lover”

- Entonces vamos bien – me sonrió acomodándose los rizos y mirándose en un espejito de cartera

-Es confuso, pero por lo menos es corto – le dije mientras trataba de sacarme la vincha que me había zampado en la peluca con la leyenda “Rulito sos lo más”.

-Entonces vamos mal – me dijo mientras se masajeaba la cara con una rutina antiarrugas, y le zampaba el discurso a un asistente para que se lo alargara a una duración de tres horas quince. Lo saludé, le palmeé la espalda, y le dejé un preservativo con un cartelito que decía “Uselo: si causa una buena impresión, la segunda vuelta es pan comido” y me fui para ver si la oposición sabía algo sobre el incendio.

En lo que salí a la calle me estacionó un autazo de esos de las películas con escenario en Miami, brillante que parecía que tenía un sol propio, y los vidrios polarizados como si lleara la noche adentro. Se abrió la puerta y desde adentro me hizo señas mi gran amigo Mauricio Macri, mientras un coiffeur italiano le retocaba el bigotito.

- ¡Tato, tato de mi alma, venga para acá! – me invitó a subir mientras un par de grandotes de traje Arman y anteojos Prada me metían de un saque para adentro del coche. – Ah, no zabe cómo lo andaba prezizando para que me oriente con este azunto de la legislatura. Los de mi bloque ze me van, me hazen pazar un papelón, me acusan de golpista, de lucrar con el dolor ajeno.. no zé que hacer, Tato, no zé qué hacer…

Pegué un pantallazo en el interior del auto, y me quise morir de nuevo, y resucitar ahí adentro. En los vidrios se proyectaban paisajes de Verona, de Manhattan, de Sevilla, y un par de rubias con siliconas hasta en los dientes acomodaban fotos firmadas y distintivos que decían “Vote a los ricos y famosos” .

- Está bien, ¿Pero qué quiere qué le diga?

- Con cuanto hay que ponerze, Tato, ezo necesito zaber – me dijo mientras sacaba una chequera repujada en cuero, que grabado en oro decía “Papi zos lo más”, y empezaba a apilar ceros – Y a quién hay que tocar para que la corten con esta camapaña de perzecuzión en mi contra. Ay, me estrezé. Ya mismo me voy a Cortina D’Ampezzo a relajarme.

Lo miré, le pellizqué el bigotito y traté de manotearle el cheque, pero las rubias fueron más rápidas. Lo saludé, le dejé un preservativo que decía “Uselo. Lo va a proteger en lugares a los que el dinero no llega”, y me bajé del auto en busca de respuestas.

Se me había hecho tarde, estaba oscureciendo, y sin darme cuenta llegué a un lugar de la ciudad donde había un montón de muchachos y chicas parados en silencio. Llevaban carteles con nombres de amigos, y en las paredes y portones de un local habían armado un altar con velas, fotos, banderas, y pedazos de zapatillas y remeras sobrevivientes de algo espantoso. Me miraron y los miré, y no supe qué decirles. Así que me quedé un rato parado ahí, con ellos, mientras el resto de la ciudad no daba más del olor a quemado. Al final me saqué la peluca y los anteojos y los puse en el altarcito, les dí un abrazo uno por uno, y les dejé una caja de preservativos con un cartelito que decía ”Usenlos. No dejen que los usen como a uno de estos”, y me fui volviendo a casa sin saber al final si lo que se quemaba era el país, pero con una sensación más bien fulera.

Pero no los quiero amargar. Esto siempre fue así, y acá salís a la calle sabiendo que la vida te da sorpresas. Así que ya saben: a tirar para adelante en dirección a los tiempos nuevos, a no aflojar que esto es así pero no para siempre, vermouth con papas fritas y… ¡Good Show!

Comentarios

Yeah!
Me encantá !!!

Grande bernyyyyyyyyyyyyyyyyyy

rabino | 14-02-2005 03:38:31

No te mueras nunca.

El Angel Gris | 14-02-2005 15:09:26

Gracias por cumplir uno de mis sueños imposibles. Tato ha regresado, y no es casual que elegiera tu mano para volver. Sos un grande.
Gracias por la risa y por el llanto.
Gracias por tu talento.

Besos en el alma.

DudaDesnuda | 14-02-2005 15:33:18

Gracias, muchas gracias.

Bernardo | 14-02-2005 17:25:37

Fenomenal... casi,casi el auténtico.

Tolo | 14-02-2005 18:05:47

Genial!
Ahora, si me decís que todos los domingos a las 21hs. vas a poner un capítulo de estos, me caigo muerto aquí mismo...
... Pero mejor antes me hago budista, que necesito reencarnar a eso de las 20hs. del domingo.

Anony mouse | 16-02-2005 14:39:28

Esa es la idea. Mientras la peluca aguante...

Bernardo | 16-02-2005 15:28:56

ESPERO KE ALGUN DIA TE PUEDA CONOCER EN VIVO

GABI | 23-01-2006 02:29:21

es horrible tanto que ni me tome el descaro de leerlo que piensan las personas que les gusta esta bobada

ana | 13-12-2006 04:39:09

es malisimo eslo mas haburrido que podido leer ya lo ley y es horriblemente haburrido por fa quitenlo daña el internet , el internet tan divertido y por dios esto tan aburrido

ana | 13-12-2006 04:46:17

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